A través de esta experiencia me encontré con dificultades distintas a las que suelo enfrentar.  Fue la primera vez que trabajé con autoretrato, lo cual no me resultó tan complicado al momento de hacer, por el contrario, fue más fácil identificar si los rasgos estaban quedando bien porque el grado de identificación con el dibujo es directo.  El desafío estuvo en  dejar de lado mis propios prejuicios e ideales acerca de mi imagen, lo que fue un factor al momento de elegir hacer autoretrato y no retrato de alguien más, pensando en que otra persona tendría dificultades compartiendo una fotografía que muestre incluso lo que no le guste de si mismo. Surgieron las dudas de si estaba realmente retratandome como soy o estaba interviniéndome sin notarlo, acostumbrada a esta manipulación. Lo difícil fue tratar de equilibrarlo, sabiendo que no puedo tener la visión de los demás sobre mi sino que sólo la mía.

 

 

"Cada vez nos vemos más obligados a construir una identidad que sea múltiple, cambiante, y que está

más fragmentada. Cuando buscamos nuestra imagen en el mundo externo ya no podemos confiar en

la fidelidad del espejo, que nos presenta una sola perspectiva, más o menos coherente, de quienes

somos. Hoy lo que se impone es la perspectiva múltiple del caleidoscopio, que fracciona, divide,

deforma y embellece al mismo tiempo”.

 

Cecilia Avendaño